El 93 aniversario del Partido Comunista de Chile -1 y 2 de enero de 1922 (Mario Benavente Paulsen)

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Para mis camaradas, compañeros (as) y amigos (as) de ideales y lucha por un mundo de verdad, justicia social, sin explotados ni explotadores, este fraterno saludo por un nuevo año de grandes satisfacciones en lo personal, familiar y social.

1.- Desde mi regreso al suelo patrio, después de casi dos años en campos de concentración y quince años de impuesto exilio, he procurado preservar esa hermosa tradición de los comunistas chilenos de celebrar el 01 y el 02 de enero de cada año un nuevo aniversario del Congreso de Rancagua que declaró oficialmente la fundación del Partido Comunista de Chile.

Poco tiempo antes, en 1920, el Congreso del Partido Obrero Socialista efectuado en Valparaíso, aprobó una declaración de principios en que expresaba su solidaridad con la revolución rusa y el naciente régimen soviético, manifestaba su adhesión a la Tercera Internacional su decisión de incorporarse a ella. En esa oportunidad, además, se resolvió reemplazar el nombre de Partido Obrero Socialista por Partido Comunista. Pero, se acordó que estas importantes decisiones se habrían de implementar una vez que las estructuras partidarias se hubiesen pronunciado. Luego del amplio respaldo que dichas resoluciones encontraron en la base militante, el Congreso de Rancagua las ratificó.

En ese Congreso, consigna el historiador Hernán Ramírez Necochea, la clase obrera dirigida por Luis Emilio Recabarren cerró un período de su larga, combativa y esforzada evolución; la madurez experimentada por los núcleos más conscientes permitió la fundación del Partido de vanguardia del proletariado y la iniciación de una nueva etapa en la historia de la lucha de clases en Chile. A partir de él, tuvo existencia la colectividad política revolucionaria del proletariado[1].

Se concibió un partido proletario como una organización de obreros dotados de una misma ideología y poseedores de alta conciencia de clase. Con estos atributos, un partido constituía una forma de organización proletaria mucho más desarrollada que los sindicatos, y tenía, como una de sus fundamentales tareas, la de educar políticamente a la clase obrera y a los trabajadores en general[2].

Varios son los aspectos que definieron el nacimiento de Partido Comunista de Chile, entre ellos: una clara definición de una sociedad capitalista, dividida en clases, que cimenta su estructura jurídica, política y económica sobre la explotación del hombre por el hombre; el reconocimiento del carácter irreconciliable de la lucha de clases en una sociedad dominada por el capitalismo; así como la necesidad de constituir una organismo revolucionario de vanguardia, capaz de dirigir a la clase trabajadora en la consecución de sus ideales y que propague la supresión de la explotación del hombre por el hombre.

2.- El Partido Comunista de Chile marcó así su incorporación militante a un proceso revolucionario mundial en ascenso, cuyas ideas se esparcían por los más apartados rincones del planeta. Los nombres de Marx, Engels, Lenin, así como de otros grandes activistas de la revolución, se convirtieron en íconos universales a medida que el poder soviético se consolidaba y construía, a pesar de la vesania capitalista mundial y del nazi-fascismo. El triunfo del pueblo soviético sobre el nazismo estimuló la lucha liberadora en Asia, África y América Latina. Se desmoronó el sistema colonialista mundial.

En esta parte del continente americano, el triunfo de la revolución cubana ejerció enorme influencia en amplios sectores, en especial de las juventudes, intelectuales, sectores femeninos, pequeños y medianos productores. La organización política y la lucha social adquirieron notables repercusiones. Los éxitos en la construcción de la sociedad socialista en la URSS y otros países de Europa Oriental se constituyeron en poderosos incentivos para que decenas de millones se incorporaran a combatir por la revolución y el socialismo.

El fragor de la lucha desarrollada por preservar las conquistas de la naciente sociedad socialista, y la aguda contradicción entre dos sistemas socioeconómicos antagónicos, se vieron acompañados por un conjunto de ideologías contrapuestas a los intereses del proletariado. La lucha ideológica al interior de las fuerzas populares y democráticas se intensificó y, en no pocas ocasiones, estimuló la división.

El imperialismo, y sus diversas expresiones, contribuyeron con ingentes campañas propagandísticas y de corrupción. El anticomunismo y el antisovietismo fueron su arma ideológica fundamental. La propia comunidad internacional comunista empezó a erosionarse. El eurocomunismo asentó sus reales en poderosos partidos comunistas en Italia, Francia, España, que, paulatinamente, fueron seducidos por corrientes reformistas democristianas y socializantes. Muchos de ellos terminaron por perder su identidad revolucionaria y hasta el nombre de partidos comunistas.

3.- La extinción de la URSS y del campo socialista, máximas expresiones de la acción revolucionaria mundial, fue la más inesperada y dolorosa derrota del proletariado y las fuerzas libertarias. El imperialismo estadounidense, especialmente, obtuvo la más grande victoria sin disparar un solo misil. El desconcierto y el desaliento se generalizaron en los diversos sectores sociales, tanto en los obreros como en las capas medias, jóvenes e intelectuales. En un afán por buscar explicación a lo acontecido y justificar su propia supervivencia, algunos partidos comunistas latinoamericanos abrieron sus puertas al antisovietismo y la renuncia a los principios del marxismo-leninismo.

4.- El Partido Comunista de Chile no ha sido ajeno a esta verdadera tragedia. Tendencias antisoviéticas hicieron sentir su voz liquidacionista. No fue casual que, una vez semi recuperada la convivencia democrática, algunos dirigentes del PC buscaran desligarse del ideario de Carlos Marx, Engels, Lenin.

No faltaron quienes se ufanaron en la prensa del abandono del marxismo-leninismo[3]; y, vía abandono de los principios leninistas de organización partidaria y de la concepción de clase, facilitaron la desvinculación del Partido con los centros de masas, los sindicatos, organizaciones sociales, etc.

El movimiento social de los últimos años ha hecho de ésta una realidad más patente: allí donde los comunistas se vinculan al trabajo de base, en estrecha relación con las masas, son reconocidos en su papel dirigente. Cuando se pierde esta relación, el movimiento social les da la espalda. Por ello no debe extrañar la pérdida de influencia de la Jota en el movimiento estudiantil, el que se ha sentido engañado y abusado tras la incorporación del PC a la Nueva Mayoría.

Las luchas sociales, así como el bagaje histórico del movimiento obrero y social, han pesado lo suficiente para que nuevamente algunos dirigentes comiencen a reconocer las enseñanzas de Carlos Marx y, en menor grado, las de Federico Engels. Por ahora el nombre de Lenin sigue siendo omitido o denigrado.

5.- No se puede dejar de mencionar, por otra parte, las debilidades que se aprecian en el lenguaje partidario, de los deberes internacionalistas. Se omite toda alusión a las prácticas guerreristas de los países imperiales, especialmente de Estados Unidos, que invaden, directa o indirectamente, a países soberanos, como han sido casos tan dramáticos como el de Irak, Afganistán, la masacre del pueblo libio y de Siria, las constantes amenazas al pueblo iraní y venezolano, los golpes de Estado en Honduras y Paraguay, las intromisiones militares en Colombia, Argentina, Chile y otros países o regiones, en su afán de dominación mundial. En la actualidad somos testigos de la escalada imperialista por “cercar” a Rusia, generando un conflicto de proporciones en Ucrania, limitante con un estado de preludio de una conflagración mundial, y que llevó al Estado ruso a tomar medidas que permitieran garantizar su propia seguridad y supervivencia. Hace solo unos días, y no obstante que la propia prensa norteamericana ha consignado que el supuesto ciberataque a Sony Corporation no habría sido realizado por hackers de Corea del Norte, sino por ex- empleados, el gobierno de Estados Unidos ha aprobado la imposición de nuevas sanciones contra Corea del Norte como respuesta estadounidense a su "destructivo" ciberataque contra Sony. Callar estas amenazas a la Paz Mundial es castrar el carácter revolucionario de nuestra ideología.

6.- La crisis del sistema capitalista mundial es muy profunda y pone en riesgo la Paz mundial. Las luchas sociales deben ampliar su visión al campo internacional. Los estudiantes en sus movilizaciones por la gratuidad de la educación, dieron un ejemplo al proyectar su lucha a otros países de América y Europa. Pero no se trata sólo de pedir solidaridad, sino también de darla con generosidad.

El PC tiene la obligación de formar a la militancia y a la juventud en sus deberes internacionalistas. El Congreso de Rancagua dio a luz un Partido consciente del destino común que une a todos los trabajadores y, por ello, solidario con las luchas de la clase obrera, del proletariado, de los asalariados, en todos los países. Los documentos y discursos de los comunistas chilenos deberían estar impregnados de este espíritu internacionalista. Deberían… pero, ello no ocurre.-

7.- Tras retornar del exilio impuesto por la dictadura, los días 01 y 02 de enero de 1989 asistí a una masiva celebración aniversaria de nuestro Partido, la que se realizó en un amplio campo deportivo. Se apreciaba una organización política actuante, combativa y alegre. Después de tanto dolor y sufrimiento del pueblo, volvíamos a encontrar nuestras raíces.

Ese mismo año tuvo lugar el XV Congreso del PC, de cuyos resultados han derivado algunas tendencias que, de una u otra forma, han debilitado la existencia del Partido de Recabarren, de la clase obrera y la revolución.

Una de ellas trata de justificar un apresurado abandono de las raíces que dan fundamento político e ideológico a los orígenes del Partido Comunista de Chile. De esta manera se ha echado por la borda la rica experiencia histórica del proletariado mundial; se oculta la trascendencia de la Revolución de Octubre, con todas sus virtudes y falencias, desconociendo su gravitación e importancia; se abandona la experiencia del proletariado mundial en la organización de la lucha social, económica y política. Peor aún, por esta vía se ha dado inicio al liquidacionismo ideológico del Partido de Recabarren, Laferte, Víctor Díaz, Uldarico Donaire, Américo Zorrilla y tantos otros. El abandono de la ideología del proletariado, así como de sus principales instrumentos, transforma al cuerpo partidario en un sujeto amorfo, sin norte ni convicciones.

8.- 1989 marcó la última (o una de las últimas) celebración del aniversario de la fundación del Partido en enero de 1922. La mayor parte de las generaciones comunistas anteriores a 1990 asumimos la historia que el mismo Luis Emilio Recabarren había señalado entre 1920 y 1922. El investigador, Hernán Ramírez Necochea, en su obra “Origen y Formación Del Partido Comunista de Chile”, así lo ratifica.

“Los dirigentes del Partido Obrero Socialista con Luis Emilio Recabarren a la cabeza, comprendieron que había llegado el momento de fijar más claramente los objetivos del movimiento obrero chileno y de reforzar y definir su conducta revolucionaria no sólo en conformidad a los principios del marxismo, sino también teniendo en cuenta las enseñanzas que impartía Lenin, y las ricasy novedosas experiencias que entregaban la Revolución Rusa, el bullente movimiento obrero internacional y las nuevas características que empezaba a presentar el movimiento obrero chileno.

Comprendieron también que era indispensable revisar críticamente las organizaciones de lucha de que disponía el proletariado, a fin de capacitarlas para actuar revolucionariamente, con independencia y con la mayor eficacia posible.

Para encauzar la conciencia y la acción del proletariado en un sentido definitivamente revolucionario, se consideró de urgencia construir un partido político poderoso, recio y combativo; sólo así se podía agrupar a las grandes masas trabajadoras, dirigidas y educadas en el bolchevismo, esto es, del socialismo depurado de las desviaciones en que había caído con la Segunda Internacional y de las debilidades que hasta entonces había mostrado en Chile”[4].

Sin embargo, a partir del XV Congreso, la historia del PC fue cambiada. Se determinó que la fundación del Partido se habría producido el 4 de junio de 1912, junto a la del POS, es decir, seis años antes de que Lenin crease el Partido Comunista Soviético y, antes de la existencia de los partidos comunistas de Argentina y de Uruguay, que el propio Recabarren contribuyó a formar.

9.- A lo largo de los últimos años he conversado con muchos camaradas que señalan no entender mi preocupación por el cambio de fecha en el nacimiento del Partido Comunista de Chile. Se trata, me señalan, de la misma organización que evolucionó bajo la guía del mismo Recabarren y, además, desde el punto de vista de hoy, la fecha histórica pasa a ser solo un dato más en el calendario.

Esta argumentación tiene en su trasfondo una labor de zapa que, subrepticiamente, ha venido inculcando a la militancia comunista el cambio de los valores definidos por el Congreso de Rancagua, el 1 y 2 de enero de 1922.

¿Qué es lo que con ello se persigue?

El transcurrir de los años permite visualizar con claridad creciente que el cambio de fecha de la fundación del PC de Chile, ha tenido como propósito limpiar la imagen partidaria de la influencia de la Revolución Proletaria en Rusia y facilitar la omisión, ocultamiento y tergiversación consciente de principios fundamentales: la concepción de la lucha de clases antagónicas; el internacionalismo proletario y la solidaridad de clases; las normas leninistas de organización y el centralismo democrático, el derecho a la violencia revolucionaria. Adicionalmente, el concepto de clase obrera fue reemplazado por el de clase trabajadora, vieja y ambigua terminología de la socialdemocracia y del socialcristianismo, llamado a desvirtuar el lugar histórico de la clase obrera y del proletariado.

10.- Con frecuencia se señala que es majadero hablar de clase obrera en el mundo moderno, cuando la actual estructura del proceso productivo tiende a hacer desaparecer el trabajo manual, privilegiando el trabajo basado en el conocimiento. En realidad, lo majadero es ocultar tras esta afirmación la evolución de las fuerzas productivas y la evolución de carácter social del trabajo para, por esta vía, hacer “desaparecer” el papel de la organización de los asalariados y establecer el predominio de una “nueva clase media”. A este respecto, no puedo sino subrayar que la verdadera estructura social sigue estando marcada por aquella definición que indica que “Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro, por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social.”[5]

Sin embargo, esto aún no es suficiente para determinar el lugar histórico de la clase proletaria. Es precisamente la dominación del capital la que devela ante esta masa de trabajadores una situación e intereses comunes. “Así pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aún o es una clase para sí. En la lucha, esta masa se une, se constituye como clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase.”[6]

Aquí, justamente, radica parte de la grandeza del Congreso que dio origen al partido de los comunistas chilenos, toda vez que marcó el momento histórico en que la clase proletaria de nuestro país se convierte en clase para sí. Allí radica la genialidad de Recabarren y los revolucionarios que lo acompañaban.

11.- Aunque es doloroso reconocerlo, junto con su historia, el Partido Comunista de Chile ha perdido su carácter revolucionario: tras el abandono de la ideología del proletariado, paulatinamente se han ido imponiendo en su conducción concepciones revisionistas y socialdemócratas que desconocen la lucha de clases y propician la conciliación. Los otrora poderosos partidos comunistas de Italia, Francia y España, tras hacer abandono de la concepción revolucionaria del marxismo-leninismo, carecen hoy de toda gravitación social y política en sus correspondientes países y a nivel internacional. El PC de Chile, si bien ha obtenido ciertas responsabilidades en el nuevo gobierno de Michele Bachelet (hecho por cierto de importancia), se ve arrastrado por tendencias liquidacionistas y oportunistas, que poco a poco le van haciendo perder su carácter de clases, traicionando el carácter revolucionario con que Luis Emilio Recabarren le dió forma.

El ingreso del PC de Chile al gobierno de la Nueva Mayoría no ha hecho sino contribuir a ello, transformándolo de fuerza por el cambio en representante de los intereses del Gobierno, en abierta contradicción con los intereses de la clase que debiera representar.

12.- La firmeza de los planteamientos comunistas radica en el grado de convicción. Toda vacilación es aprovechada por los enemigos de clase.

Un ejemplo lo brinda la ambigüedad política que, por una parte agrada a sectores de centro derecha, y, por otra, crea confusiones en sectores populares. En entrevista concedida al diario La Tercera del 26 de octubre de 2011, el Presidente del PC afirmaba respecto del Golpe Militar que “A lo mejor, si en esa época hubieran sido más perspicaces nuestros dirigentes políticos, no hubiera habido golpe de Estado”.

Una aseveración de tal magnitud política, realizada por el máximo dirigente del PC en el contexto de un entendimiento con la DC, es de mucha gravedad: contribuye a lavar la imagen de los verdaderos responsables que originaron la dictadura militar, y oculta la mano del imperialismo y de sus acólitos criollos. Atribuir el golpe de Estado de 1973 a factores puramente subjetivos y de responsabilidad de los dirigentes populares, es desconocer la importancia de la más grande alianza social de la historia de Chile, como fue la Unidad Popular, que condujo a la conquista del gobierno democrático y revolucionario del Presidente Allende.

Tal posición se vio nuevamente reflejada en la reacción de la dirigencia partidaria, en el marco de la situación generada por las declaraciones de Eduardo Contreras, Embajador en Uruguay.

13.- En la defensa de principios no se debe transigir ni menos dudar. Una política de alianzas es correcta, pero todo proceso unitario debe sustentarse en el respeto a los principios de cada institución. Una alianza política sin acuerdo programático y de respeto a las diferencias, es una abstracción carente de realismo.

El olvido o halago no es un camino adecuado para lograr o fortalecer un proceso de unidad. Es posible que agrade a quienes se dirige, pero refleja una debilidad política inadmisible en el Partido Comunista de Chile. En efecto, en un proceso unitario es imprescindible el respeto a las tradiciones históricas de nuestros aliados y valorar sus éxitos sin caer en olvidos o graves omisiones históricos, como ocurrió en los exagerados calificativos expresados por Teillier en el discurso de homenaje al cincuenta aniversario del triunfo de la candidatura presidencial de Eduardo Frei.

Cuando estas situaciones se repiten, es porque reflejan un trasfondo preocupante. Otro ejemplo de ello fue la vergonzosa declaración del Secretario General del PC a La Segunda, el 30 de abril pasado, donde señala que “no andamos buscando contraponer una clase contra otra clase. Hay un sector que está trabajando por el país entero, no para una clase, sino para el país.”[7] Teillier olvida que los trabajadores y sus familias desean vivir en paz, y que es la clase capitalista la que mantiene una guerra permanente en contra de los asalariados, en su afán insondable por más ganancias y por desmontar las conquistas sociales que los trabajadores han conquistado con luchas y sacrificios, reduciendo la participación de los asalariados en la renta nacional, privatizando la educación, la salud, la previsión. La reciente discusión de la nueva reforma laboral no hace más que confirmar lo anterior.

El problema, ciertamente, radica en la claridad que revisten los principios que se sustentan.

Recientemente, la editorial de El Siglo[8] se hizo cargo de una consigna que suele oírse repetidamente en algunas marchas y manifestaciones a lo largo del país: “El pueblo unido avanza sin partido”. La corean particularmente, consigna el mencionado editorial, algunos sectores de la juventud. De manera vana el editorial busca atribuir influencias de derecha a un sentir de decepción y desilusión que madura no solo en los sectores juveniles.

El editorialista se pregunta si “Reformar: “volver a formar, rehacer”; “modificar algo, por lo general con la intención de mejorarlo”, ¿es necesariamente lo opuesto a un cambio “revolucionario”?. Luego vuelve a insistir en su interrogante: “Cualquier avance en las condiciones de vida de los trabajadores, en sus derechos laborales y sindicales, en su salud y educación, en su vivienda, ¿es algo tan perjudicial o irrelevante como para descalificarlo en nombre de alguna “pureza ideológica”, de al menos difuso domicilio?

Primero que nada, es preciso subrayar que la consigna mencionada es reflejo de la profunda desilusión que cunde en la población respecto del conjunto de los partidos políticos que conforman la actual “institucionalidad”. Es reflejo y protesta contra una clase política que no representa los intereses de la mayoría de la población. De ello testimonian no solo pobres proyectos en lo tributario, educación y laboral, que solo preservan los intereses de los grupos económicos dominantes, sino también los diferentes muestras de reacción social, a saber: la directiva del colegio de profesores repudiada por sus bases, por una negociación espuria con el Gobierno; una CUT (con mínima representación de la clase asalariada) que no logra unificar las demandas de los principales representantes de los trabajadores ante mezquinos reajustes salariales; incremento constante de los precios de los productos de primera necesidad para la población, incluido el transporte público, la salud y la educación. Crece el descontento en la población y también al interior de las estructuras partidarias.

Lo que los “editorialistas” de El Siglo no quieren ver es que no se trata de “cualquier avance en las condiciones de vida de los trabajadores”, ni tampoco que se trate de “purezas ideológicas, de domicilio”. Germina un profundo descontento al interior de la sociedad chilena. Y la dirigencia del Partido Comunista ha colocado al Partido en contraposición a los intereses de los oprimidos.

14.- Las bases comunistas conservan, sin embargo, la confianza en la historia del Partido de Recabarren, por su trayectoria revolucionaria antiimperialista, anticapitalista en aras de la sociedad socialista, cuyas raíces se nutren de la lucha de los explotados.

Pero, hay que reconocer que la militancia activa se ha reducido a unos pocos miles. La mayor parte de los comunistas se mantiene fuera de la organización. Valiosos compañeros formados en la lucha contra la dictadura y en el exilio, están dispuestos a dar su vida por el Partido, pero no se los ha sabido reintegrar. Se ha perdido nuestra sensibilidad proletaria.Por éstas u otras razones, con dificultad se podría atribuir al Partido Comunista de Chile la calidad de Partido de la clase obrera, toda vez que ésta no cuenta más del 8% de los miembros del Comité Central.

15.- Las poderosas movilizaciones de la juventud estudiosa pusieron al descubierto la crisis política, institucional y política del país. Al calor de la acción emergieron jóvenes líderes llamados a convertirse en figuras de trascendencia en el acontecer nacional. Muchos de ellos son jotosos, lo que permite mirar el futuro con renovadas esperanzas.

El movimiento estudiantil fue de tal envergadura que estremeció las instituciones del poder, provocando el despertar de amplios sectores sociales y la toma de conciencia de la crisis existente en el país. Con organización, movilización y vocación unitaria los jóvenes demostraron que la solución de los problemas educacionales, además de ser un derecho del pueblo, está vinculada a profundas transformaciones de la estructura socioeconómica nacional. Es decir lograron hacer conciencia del carácter regresivo del neoliberalismo impuesto por el imperialismo a través de la dictadura militar, la Concertación y el gobierno de Piñera. Como ya lo dije hace un año atrás, y más allá de ciertos retoques, el nuevo gobierno de Michele Bachelet se ha orientado por la misma convicción neoliberal.

Si bien es incuestionable la victoria política alcanzada, y sus banderas de lucha se mantienen en alto, es notoria la debilidad de las demás fuerzas populares. La desvinculación con otras organizaciones sociales, sindicales y de masas, contribuyó a que la movilización estudiantil, profesores, padres y apoderados, aún no logre mayores proyecciones. El PC debe asumir la responsabilidad que le corresponde como partido de la clase obrera, de los asalariados, y retomar su carácter de masas.

16.- Este nuevo aniversario del Partido de Recabarren ha recibido un hermoso regalo: la victoria de la Revolución Cubana por sobre el bloqueo imperialista, tras más de 50 años. Se trata solo de una victoria, no del triunfo definitivo de la epopeya iniciada por el movimiento revolucionario encabezado por Fidel Castro. Vaya por ellos también este brindis de un viejo comunista chileno.

17.- Estas reflexiones tienen como objetivo insistir en el carácter revolucionario, antiimperialista y anticapitalista que desde sus orígenes le imprimió Luis Emilio Recabarren al Partido Comunista de Chile, subrayando la necesidad de que recupere su carácter de vanguardia de los explotados, en aras de una nueva formación socioeconómica de carácter socialista.-

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Mario A. Benavente Paulsen.

Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile entre los años 1962 y 1984.

Santiago, 01 y 02 de enero del 2015

[1] Hernán Ramírez Necochea. Origen y Formación del Partido Comunista de Chile. En Obras Escogidas, volumen II, página 280. Lom Ediciones, 207.

[2] Ibídem.

[3] “PC confirma: deja marxismo-leninismo”. La Época, 6 de agosto de 1999

[4] Hernán Ramírez Necochea. Origen y Formación del Partido Comunista de Chile. En Obras Escogidas, volumen II, página 273. Lom Ediciones, 207.

[5] Lenin, V.I. Una gran iniciativa. Obras Escogidas. Editorial Progreso. Moscú, 1974, página 504.

[6] Marx, C. La miseria de la filosofía. Editorial Progreso. Moscú, 1979, página 141.

[7] La Segunda, 30 de abril de 2014. Tellier y su mes de vocería: no buscamos contraponer una clase contra otra. Página 18.

[8] El Siglo, 18 de diciembre 2014. El pueblo unido ¿“avanza sin partido”?
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