Alí Primera: Que no calle el cantor (por Nilda M. López)

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Alí Primera nace en Coro, estado de Falcón, un 31 de octubre de 1941, en un hogar muy humilde donde la pobreza y la desigualdad social marcarían para siempre al cantor, cuya voz se alzaría décadas más tarde para señalarlas con rabia e indignación.

La década del 60 en que transcurre la temprana juventud de Alí coincidentalmente constituyó el momento histórico ideal para la creación de su obra musical contestataria y profunda como respuesta al entorno social que vivía Venezuela y el resto del mundo. Fue una década de gran efervescencia cultural, política y social. Era la época de la Revolución Cubana, de la Guerra de Vietnam, del auge del marxismo, de la instalación del gobierno popular de Salvador Allende en Chile, de una inmensa afición por los escritos que sacudían las conciencias por parte de figuras altamente comprometidas con la dignidad del ser humano como Eduardo Galeano, Albert Memi y Frantz Fanon.

En la música, nace una nueva forma de expresión musical, la canción de protesta o como le llamó Alí, la canción necesaria. Es en esa modalidad de la música que Alí encuentra el vehículo idóneo para expresar sus anhelos de justicia e igualdad.

A pesar de la pobreza extrema en que se desarrolló la niñez del cantor, en un hogar que carecía de agua potable y tener que recorrer grandes distancias para buscar agua, limpiar zapatos, cargas maletas y vender frituras en las calles para sobrevivir, Alí pudo llegar a la escuela secundaria. En el 1969 fue a estudiar tecnología de petróleo a Rumania donde asistió a importantes festivales de canción política. Nunca terminó su carrera.

De ahí en adelante comienza a destacarse como exponente máximo de la canción social en su país, con temas como Pérdoname, Tío Juan, Madre, No basta rezar, Techos de cartón, —esta última fue traducida a varios idiomas— y decenas más de temas.

Escribió canciones para celebrar las vidas y las gestas de grandes revolucionarios como Ho Chi Minh en Inolvidable, Comandante amigo para el Ché, Agua clara, Nicaragua dedicada a Sandino y temas dedicados a luchadores sociales de América Latina como Salvador Allende, Víctor Jara y Violeta Parra. En una ocasión le preguntaron por qué no le cantaba a la Paz, a lo que contestó, “Cuando no existan los oprimidos, entonces le cantaré a la Paz”.

Las frases inspiradoras en las que plasmó su pensamiento político, frases cargadas de sabiduría, sentenciosas en ocasiones, constituyen otro de sus valiosos legados para las izquierdas de la América Latina. Alí se concebía, más que como cantor, como un revolucionario que utilizaba la canción como arma ideológica y como herramienta necesaria para comunicarse con su pueblo. Concebía su misión de cantar como un apostolado y con él recorrió a su natal Venezuela, Centro y Sur América, Cuba, Europa y los países del entonces bloque socialista para expresar con su voz el sufrimiento de los “sin voz”.

Ahí la voz de Alí fue siempre clara para denunciar con indignación todo lo que constituyera opresión. Consideraba su arte en función de servicio al pueblo por lo que decía que “El arte que no milita en defensa del hombre no es arte y mucho menos arte popular”.

En 1979 fue invitado a participar en Puerto Rico en un festival junto a artistas puertorriqueños organizado por el Partido Independentista, festival al que no pudo asistir porque le fue negada la visa de entrada por el gobierno de Estados Unidos. A esos efectos comentó Alí “Es vergonzoso que para ir a Puerto Rico, que es un país latinoamericano, haya que pedir visa a la Embajada de Estados Unidos”.

La solidaridad obrera de Alí, cualidad inherente a todo revolucionario, se evidenciaba en el hecho de que casi todo lo que ganaba en sus presentaciones lo invertía en ayudar a financiar las carreras de otros compañeros cantantes que empezaban, limitándose a vivir sólo de las regalías de sus discos.

Fue prisionero político en más de una ocasión por su lucha contra el gobierno opresivo de Leoni en su país. Entre rejas fue que compuso uno de sus más entrañables temas, Humanidad. Fue también en esa ocasión que pronunció su célebre frase “Al hombre, cuando se le miente, se le hace indigno y una patria de lacayos no puede ser la patria que soñó Bolívar”.
Alí, un comunista cristiano

Así se definía en materia política. “A mí me bendice Dios y me guían Bolívar y Marx”, solía decir. Como cristiano sostengo que la Iglesia ha sustentado y apoyado las injusticias que comenzaron desde los tiempos de la colonia y se han extendido hasta la intromisión del capitalismo en nuestro pueblo. Siempre al lado del poderoso ha estado la alta jerarquía de la Iglesia”.

En ocasión de la visita del Papa a Centroamérica señaló, “Fue terrible ver al Papa darle la mano a Ríos Mont, acusado de miles de asesinatos y negársela a Ernesto Cardenal un sacerdote y luchador social. No es sincero el Papa, porque cuando tuvo la oportunidad de obrar por la Paz, se cuadró con los principales factores que hambrean y desestabilizan esa región”.

En una ocasión, al preguntársele si era “militante” del Partido Comunista expresó: “Soy comunista, que es diferente, el partidarizar los sentimientos del pueblo es lo que lo ha perturbado. Ser comunista es una forma de ser, no una postura ni una ubicación en un partido”.
Alí, unitario y bolivariano

Alí firme creyente en la unidad del pueblo y de todas las tendencias de izquierda en su país, coordinó el Comité por la Unidad del Pueblo (CUP) y abogó por una educación política de las masas que condujera a una toma de conciencia revolucionaria del pueblo venezolano y a integrar la ideología bolivariana a la democracia.

El cantor de Venezuela, el que le cantó a los obreros del mundo, a Bolívar, a la Patria venezolana, el que prestó su voz a los “sin voz” para denunciar la opresión, la injusticia de los marginados y los desposeídos y para llevar un mensaje de esperanza y de lucha a los oprimidos de la América Latina, murió el 16 de febrero de 1985 en un accidente automovilístico. En ocasión de su muerte el Periódico El Nacional de Venezuela en su sección de “libertad de expresión” se negó a publicar una nota de duelo enviada por el Partido Comunista de Venezuela. Como tantas veces en la historia de las luchas más luminosas por la libertad y los derechos del ser humano, la intolerancia y la intransigencia se manifestó, inhumana e insensible. Esta afrenta fue vengada el pasado febrero de 2005 en ocasión del aniversario de su muerte, con un homenaje de todo un pueblo a su cantor.

No obstante, nada podrá opacar la obra musical, social y libertaria del ser luminoso que fue Alí Primera. Esa obra trascendió las fronteras de su natal Venezuela y de su generación para convertirse en patrimonio de todos los que en la América Latina y otras partes del mundo sienten la necesidad punzante de defender cada pequeño espacio de libertad y dignidad.
Al igual que en los tiempos en que su presencia convocaba a grandes masas para oírlo y Alí llenaba de pasquines y grafitti los alrededores del lugar donde iba a cantar para alertar la conciencia del pueblo, su legado, ahora en la favorable coyuntura política que vive su país, cónsona con los ideales que Alí pregonó y vivió es conservada y estudiada por el pueblo que amó para asegurar que “no calle el cantor”.

Agradecemos la valiosa colaboración en este trabajo de Gregorio Pineda, estudioso de la música venezolana y latinoamericana, poeta humanista y puertorriqueño por adopción.

"Alí Primera: Que no calle el cantor"
Nilda M. López
Fuente: www.claridadpuertorico.com

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La Patria es el Hombre (mp3)
Los que Mueren por la Vida (mp3)
Techos de Cartón (mp3)

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