¿Qué es la dignidad personal? ¿Debe el Estado hacer que se respete en las relaciones laborales?

Mujeres y hombres somos sujetos de fines; portadores, así, de dignidad y de libertad, opuesta a la pretensión de cualquier poder patronal, o política económicolaboral que quisiese tratarnos como medio o precio de fines ajenos.....


¿Qué es la dignidad personal?
¿Debe el Estado hacer que se respete en las relaciones laborales?


Mujeres y hombres somos sujetos de fines; portadores, así, de dignidad y de libertad, opuesta a la pretensión de cualquier poder patronal, o política económicolaboral que quisiese tratarnos como medio o precio de fines ajenos.
Respetar la dignidad personal manifiesta el reconocimiento, en el ser humano, de su calidad de fin en si mismo, de no ser medio, ni deber ser tomado como medio, para realizar fines ajenos o extraños a él.
Es decir, su derecho, en ejercicio racional de su conocimiento y voluntad, de trazarse un plan de vida, proponerse fines propios que alcanzar o a los que tender, respetándole, así, el fuero de la conciencia, esto es, su especial entidad intelectual y moral, y su capacidad de autodeterminación, es decir, la libertad de cada uno [1].
Concepto que se proyecta a las relaciones jurídicas, constituyendo, para STAMMLER, los “principios del Derecho justo”. Por una parte, los del respeto: una voluntad no debe nunca depender de lo que otro arbitrariamente disponga, y toda exi¬gencia jurídica siempre debe reconocer en el obligado al prójimo. Por otra parte, los de la solidaridad, que prohíben que un miembro de la comunidad sea excluido de ella por la arbitrariedad de otro, y que el poder de disposición jurídicamente otorgado sólo podrá excluir a los demás de tal modo que en la persona excluida se siga viendo al prójimo [2].
Es decir, el Derecho debe garantizar que en la relación con otros reconozcamos su calidad de sujetos de fines, es decir, de seres humanos. Que nadie considere a otro como un simple medio o instrumento, del que le quepa servirse como si fuese una cosa.
Tal concepción produce consecuencias mayores. Un régimen político laboral verdaderamente respetuoso de la dignidad humana debe asentarse en ella y desenvolverle.
La política económica y los intereses patronales o empresariales no pueden ni deben condicionar al Derecho del trabajo, o desvirtuarle, reduciendo a la parte trabajadora a simple mercancía u objeto de comercio, al vaivén del neoconservadurismo.
La importancia práctica envuelta en este concepto se comprueba, por ejemplo, en que, respetándole, se garantizaría estabilidad en el empleo, cuya remuneración es el medio de vida del trabajador o trabajadora (y la vida es presupuesto para ejercer su dignidad), eliminando el poder patronal, legalmente cobijado, de excluirle del trabajo, de su fuente de ingresos, poder de libre o arbitrario despido, encubierto en el artículo 161 del Código del trabajo.
Asimismo, se prohibiría toda acción de revisión personal del trabajador o trabajadora ejercidas por la parte patronal; todo método que implique lo anterior, directo o aleatorio, personalizado o “despersonalizado” (una hipócrita expresión funcionaria), individual o colectivo.
Concepto que obliga a respetar y hacer cumplir normas jurídicas básicas, fijadas, por ejemplo, en el artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en 1948:
“1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda personal tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”.

SIENDO EL DERECHO VALORATIVO Y FINALISTA, LA DIGNIDAD ES EL BIEN MÁS IMPORTANTE A TUTELAR
El Derecho es una creación humana, y así posee las características constitutivas y diferenciales de la persona y de su obrar; le animan valores y persigue fines, es valorativo y finalista.
Esto marca su esencia y origina efectos. Entre otros, que la ley escrita permite captar lo jurídico, pero lo que verdaderamente lo constituye es el complejo de valores que inspiran, de principios que informan y de fines a que tiende el respectivo Ordenamiento [3]. Por tanto, su interpretación debe observar, precisamente, los principios informadores, los valores y los fines a que propende tal Ordenamiento. Jerarquizando y priorizando unos bienes por sobre otros, la dignidad debe ser primer bien a tutelar, el más valorado; factor inspirador, respecto del cual los otros se deben subordinar en las específicas reglamentaciones.

NOTAS Y CITAS
[1] El fondo kantiano armoniza con la corriente filosófica que, ya desde el siglo XIX, ha promovido tales luchas: el hombre es siempre un fin, nunca un medio para realizar fines ajenos.

[2] Rudolf STAMMLER, Tratado de Filosofía del Derecho, traducción de la segunda edición alemana por Wenceslao Roces, Reus, Madrid, 1930.

[3] Por ello, no puede existir neutralidad científica. La creación jurídica -no sólo la laboral-, es una empresa política, índole que repercute en su aplicación y su enseñanza. En nuestro ámbito no existe la asepsia política; como advirtió RIVACOBA, las actitudes que se sienten o proclaman neutrales, o son hipócritas o inconscientes. Incluso, la función política en que consiste la creación del Derecho alcanza por igual -o más- al que aconseja o asesora que al que legisla.
Alfonso Hernández Molina

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