Caso práctico: Sindicalismo e inspector del trabajo

Si abrimos un Diccionario y localizamos la palabra “experiencia”, veremos de ella al menos cuatro significados: Hecho de haber sentido, conocido o presenciado algo. Práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo. Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas, y circunstancia o acontecimiento vivido por una persona.
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Caso práctico: Sindicalismo e inspector del trabajo

Si abrimos un Diccionario y localizamos la palabra “experiencia”, veremos de ella al menos cuatro significados: Hecho de haber sentido, conocido o presenciado algo. Práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo. Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas, y circunstancia o acontecimiento vivido por una persona.
Las experiencias de otros sindicalistas y trabajadores pueden ser muy útiles en potenciar nuestra eficacia sindical. Observando su ingenio, su creatividad y, sobre todo, su desapego respecto de los convencionalismos y de la subordinación hacia el poder y sus agentes.
El estudio de casos laborales prácticos mucho nos pueden enseñar, y ayudar en una labor sindical más productiva. Más aun cuando envuelven lecciones de métodos no convencionales para enfrentar la acción patronal y oficial.
Nos corresponde extraer lo útil, y adecuar o ajustar la enseñanza a la circunstancia y al momento concreto.
En definitiva, procede foguearnos en el trabajo sindical concreto, conociendo acciones y reacciones de funcionarios que deben fiscalizar el cumplimiento de la ley, e interpretar su sentido y alcance. Y conociendo acciones y reacciones del empresariado, recordando y considerando que, para la parte patronal, sus golpes inevitablemente le abren flancos que deben y pueden ser aprovechados.
Reproducimos parte del excelente relato de Víctor Contreras Tapia, “Campesino y proletario”, editado en 1981, libro que describe la vida sindical y política de un trabajador, alcalde, diputado y senador. El trozo seleccionado, con hechos acaecidos en la primera mitad del siglo XX, enseña cómo él y sus compañeros enfrentaron una situación en principio adversa, que implicó a un inspector del trabajo, funcionario oficial mandado por el poder político.
Experiencia valiosa, reveladora del enfoque y comportamiento ante la legalidad imperante y ante los aparatos del Estado, y que indica a los sindicalistas protagonistas como independientes respecto de los convencionalismos y del sometimiento.
Ese fue el sindicalismo que hizo avanzar la Justicia social en Chile.
“Pero había nubarrones de tempestad. El intendente de la provincia era un general retirado de apellido Cabrera Negrete, quien, basándose en sabe Dios qué disposición, dictó un decreto en que nos quitaba el fuero sindical al presidente y a mí. Más claro, nos inhabilitaba como dirigentes sindicales. Y el inspector del trabajo, don Manuel Castro, nos llamó para notificarnos que teníamos que cambiar la directiva en fecha próxima.
Estudiamos el asunto internamente, como grupo sindical, y llegamos al acuerdo de que una persona debía ir a la Inspección del Trabajo y preguntar:
— ¿Quién elige a los dirigentes sindicales?
— Ustedes, tendría que contestar el inspector.
— Bueno, resulta que nosotros estamos contentos con los dirigentes que tenemos, debería replicar nuestro enviado.
Después, vino la designación del que debía ir a hacer las preguntitas. Yo propuse al compañero Manuel Delgado.
Llegó el día de la asamblea con el inspector del trabajo, en la cual había que elegir la nueva directiva. Se abrió la sesión y de inmediato pidió la palabra Manuel Delgado, nuestro "Huaso Coya" que con su cara más inocente preguntó:
— Señor Inspector, ¿quién elige a nuestros dirigentes?
— Me llama la atención su pregunta, señor. Ustedes los eligen, pues.
— Entonces nos vamos, porque todos estamos de acuerdo con los dirigentes que tenemos actualmente.
Y dicho y hecho, se pararon todos y abandonaron el local. Quedamos, el presidente, el inspector del trabajo y yo. El inspector nos dijo que tendría que informar a la Inspección
Provincial, y cuando así lo hizo, el intendente Cabrera Negrete pidió a la Anglo Lautaro que recurriera a los tribunales del trabajo, pero la pista se le había puesto pesada a la empresa y no lo hizo” [del libro “Campesino y proletario”, de Víctor Contreras Tapia y Ligeia Balladares, Editorial Novosti, 1981, pág. 43 (81 y ss.)].
Saludos cordiales.
9 de septiembre de 2011.

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