Contrato por obra o faena. Explicación

Por su importancia, explicamos brevemente el concepto y caracteres del contrato por obra o faena.
Nos basamos en lo planteado por la Dirección del Trabajo, que, guste o no, es el órgano encargado de interpretar las leyes laborales (y fiscalizar su respeto), entidad que ha abordado el tema en algunos pronunciamientos; entre otros, mediante dictámenes 2389/100, de 2004, y 1825/032, de 2006.
Como dato anecdótico, varios meses después de evacuado el primer dictamen mencionado, un alto funcionario patronal, de la Cámara Chilena de la Construcción, requirió reconsideración del pronunciamiento; aunque tal petición dijo ser rechazada por la Dirección, ésta señaló precisar dos puntos mediante el dictamen posterior, citado, de 2006.
Veamos:


Contrato por obra o faena. Explicación

Por su importancia, explicamos brevemente el concepto y caracteres del contrato por obra o faena.
Nos basamos en lo planteado por la Dirección del Trabajo, que, guste o no, es el órgano encargado de interpretar las leyes laborales (y fiscalizar su respeto), entidad que ha abordado el tema en algunos pronunciamientos; entre otros, mediante dictámenes 2389/100, de 2004, y 1825/032, de 2006.
Como dato anecdótico, varios meses después de evacuado el primer dictamen mencionado, un alto funcionario patronal, de la Cámara Chilena de la Construcción, requirió reconsideración del pronunciamiento; aunque tal petición dijo ser rechazada por la Dirección, ésta señaló precisar dos puntos mediante el dictamen posterior, citado, de 2006.
Veamos:
1.- Contrato por obra o faena es aquella convención en virtud de la cual el trabajador se obliga con el respectivo empleador a ejecutar una obra material o intelectual específica y determinada, cuya vigencia se encuentra circunscrita o limitada a la duración de aquella.
2.- Constituyen contratos por obra o faena transitoria, aquellos que se celebran para la ejecución de una obra o trabajo que por su naturaleza intrínseca tiene el carácter de momentánea o temporal, circunstancia ésta que deberá ser determinada en cada caso particular.
La condición de transitoriedad aludida debe entenderse referida a la duración de la obra precisa a realizar, la que, por esencia, debe ser momentánea o temporal, y no así a la duración del contrato celebrado con el trabajador.
Ello implica que, para los efectos de determinar si lo pudiere afectar la prohibición de negociar colectivamente a que se refiere el número 1 del artículo 305 del Código laboral, sólo debe atenderse a si la obra en que aquél se desempeña reviste el carácter antes anotado, con prescindencia del período de duración de la respectiva relación contractual.
En otros términos, si la obra en que labora el trabajador no puede ser calificada como momentánea o temporal, éste quedará por ese solo hecho excluido de la prohibición consignada en el número 1 del artículo 305, ya citado, y por ende, facultado para negociar colectivamente con su empleador, aún cuando su contrato de trabajo tenga una duración inferior a la que representa la ejecución total de la obra de que se trate.
La calificación de si una obra determinada es momentánea o temporal debe efectuarla el Inspector del Trabajo en cada caso particular, según pautas emanadas del Departamento de Relaciones Laborales de dicho Servicio.
3.-Sólo se encuentran impedidos de negociar colectivamente, los trabajadores afectos a contratos por obra o faena transitoria, entendiéndose por tales, para efectos de acuerdo a lo señalado en el punto 2), aquellos que se celebran para la ejecución de una obra o trabajo que por su naturaleza intrínseca tiene el carácter de momentánea o temporal, circunstancia ésta que deberá ser determinada en cada caso particular.
4.- No revisten el carácter de contratos por obra o faena aquellos que implican la realización de labores de carácter permanente, las que, como tales, no cesan o concluyen conforme a su naturaleza, requisito, que resulta esencial para configurar contratos de este tipo.
5.- No es lícita la contratación sucesiva por obra o faena, si la labor convenida por el trabajador no ha finalizado y continúa siendo desarrollada por la empresa hasta su total finalización. Sucedería, por ejemplo, si éste hubiere sido contratado primeramente para la construcción de 10 kilómetros de un camino que abarca un total de 100 kilómetros, siendo finiquitado y recontratado posteriormente para la construcción de otros 10 kilómetros, y así, sucesivamente.
Ahora bien, en el dictamen del año 2006 (1825/032), que la misma Dirección del Trabajo entendió, no como modificación sino como complementación del anterior pronunciamiento (2389/100, de 2004), señala, confusamente: ”La contratación sucesiva bajo tal modalidad no altera la naturaleza jurídica del respectivo contrato, el que mantendrá el carácter de tal, vale decir, continuará siendo un contrato por obra o faena. Lo anterior implica que el efecto derivado del precepto consignado en el artículo 159, número 4, del Código del trabajo, esto es, la transformación en indefinido de un contrato de plazo fijo cuando se dan los supuestos que en dicha norma se señalan, se encuentra referido exclusivamente a este tipo de contratos, no resultando viable, por tanto, hacerlo extensivo a otros que no presentan tal característica, como sucede con los contratos por obra o faena”.
Si no son lícitas o “jurídicamente” procedentes tales contrataciones sucesivas, entonces, ¿cómo puede mantener su naturaleza “jurídica” el respectivo contrato?
6.- Por último, en el primer dictamen sostiene que, atendido que el término de la obra o faena precisa para la cual fue contratado un dependiente debe importar el término de la respectiva relación laboral, no resulta posible la renovación de un contrato de tal naturaleza, sin perjuicio de que una vez que aquélla haya finalizado y finiquitado, éste pueda ser recontratado para una faena distinta a la primitiva. De allí, no habiendo modificado ni “complementado” este punto mediante pronunciamientos posteriores, entendemos que queda a firme tal interpretación.

LA POSICIÓN OFICIAL EN ESTE AÑO 2011:
En otro pronunciamiento, muy reciente (2225/034, de 2011), el órgano público encargado de interpretar las leyes laborales expresó:
1.- La normativa laboral vigente permite establecer que ella no regula expresamente los contratos por obra o faena, no obstante lo cual, reconoce su existencia al aludir a ellos en preceptos tales como el inciso 2º del artículo 9 del Código laboral, que establece la obligación para el empleador de hacer constar por escrito los contratos de tal naturaleza, dentro de 5 días de incorporado el trabajador.
También en el artículo 159, número 5, del mismo Código, conforme al cual, el contrato de trabajo termina, entre otras circunstancias, “por la conclusión del trabajo o servicio que dio origen al contrato”.
Y, por último, en el artículo 305 del citado cuerpo legal, que prohíbe negociar colectivamente, entre otros, “a los trabajadores sujetos a contrato de aprendizaje y aquellos que se contraten exclusivamente para el desempeño en una determinada obra o faena transitoria o de temporada”.
2.- Tales preceptos permiten determinar, ”en cierto modo” [nótese la ambigüedad revelada por el propio órgano oficialmente encargado de precisar alcances], el concepto que tiene en vista la ley, es decir, contratos que tienen por objeto la ejecución de obras o servicios específicos y determinados que, por su naturaleza, necesariamente han de concluir o acabar y que, por tanto, tienen una duración limitada en el tiempo.
En efecto, los contratos por obra o faena constituyen contratos a plazo, pero —a diferencia de los de plazo fijo—, éste es indeterminado; es decir, no se encuentra prefijada en ellos su fecha de término, sino que tal circunstancia dependerá exclusivamente de la duración de la obra específica para la cual fue contratado el trabajador.
En otras palabras, en contratos de tal naturaleza las partes que concurrieron a su celebración no tienen certeza respecto de su fecha de término, toda vez que esta última estará supeditada o circunscrita a la duración de las obras o faenas respectivas.
3.- Por la expresión “obra”, utilizado por la ley para determinar ciertos servicios o trabajos, debe entenderse “aquellos que tienen por objeto una cosa hecha o producida por un agente o trabajador”.
4.- Para el aparato judicial, “La causal invocada, esto es, la conclusión de los trabajos o servicios que dieron origen al contrato, conforme ha sido reiteradamente resuelto por la jurisprudencia nacional, solamente se puede referir a la situación en que se encuentra un trabajador contratado para realizar una obra material o intelectual finable, lo que significa que debe existir una relación directa y específica entre el trabajo o servicio contratado y su terminación natural, sin iniciativa ni intervención del empleador, y que, por lo tanto, escapa a la voluntad de los contratantes, puesto que el objeto del contrato ha sido la ejecución de una labor específica o de un servicio determinado, produciéndose su término automáticamente” (Corte Suprema, sentencia de 16 de mayo de 2003).
5.- De ello se sigue que la característica esencial del contrato por obra o faena es la naturaleza finable del trabajo o servicio que le da origen•. Esto no ocurre con el otro tipo de contrato a plazo que reconoce nuestro ordenamiento jurídico laboral, como es el de plazo fijo, cuya duración, limitada en el tiempo, no está necesariamente vinculada a la condición de finable del objeto de la prestación de servicios, sino al acuerdo de las partes en orden a fijar un término cierto y determinado para la realización de tal prestación, independientemente de toda otra circunstancia.
La característica antes enunciada implica que el término de un contrato por obra o faena acaece naturalmente cuando se produce la conclusión de las mismas, con prescindencia de la iniciativa del empleador o la manifestación de voluntad de los contratantes en tal sentido.
Saludos cordiales.
11 de julio de 2011.
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• Aclaremos que la equívoca expresión “finable” es un adjetivo en desuso, el cual, para la Academia de la Lengua, significa “que tiene fin”, y que, al parecer, abogados de la Dirección del Trabajo reprodujeron de sentencias judiciales.

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