La Novela de Galvarino y Elena.(José Miguel Varas) 2° Parte.-

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EXTRACTO:

Cuando empezó toda esa gran discusión sobre la "perestroika", yo participaba también. Yo encontraba muy bueno lo que estaba haciendo Gorbachov. Pero, de repente, al leer algunas cosas, como que encontraba algo sospechoso. Para qué voy a decir que lo tenía tan claro. Pero a la vez en algunos momentos pensaba que no era bueno estar discutiendo tanto sobre la situación de la Unión Soviética teniendo areas enormes y una situación tan difícil aquí.

Cuando hablaba con Juanito, él se cerraba:
-No, si Gorbachov lo está haciendo muy bien. Hay que rectificar lo que está malo.
Después, realmente Gorbachov no estaba bien. Una lo sentía, lo presentía, pero no sabía cómo.
En el Partido se discutía y en una reunión grande una compañera dijo de frentón:
-Yo no estoy de acuerdo con Gorbachov, como está llevando las cosas.
Casi todos los asistentes se indignaron: ¡cómo podía la compañera decir semejante cosa! Y resultó que tenía razón. Ya lo vimos cuando salimos después del NO. que podíamos hacer reuniones algo más grandes con menos riesgo.

La verdad es que lo ocurrido me apena mucho.

Cuando yo estaba en Valdivia, en 1947, recién escribiendo en el diario, porque también escribía, hice un artículo sobre lo que yo pensaba de la Unión Soviética. Me gustaría volver a leerlo.
Decía algo así: "Si la religión y los católicos son tan fuertes y es tan sólida su creencia, ¿por qué no tienen un país donde se aplique el catolicismo, con toda su doctrina, donde haya un estado católico? Y, sin embargo, los comunistas, tan perseguidos, tienen ya no sólo un Estado sino una Unión de Repúblicas donde se aplica la doctrina del comunismo..."

A mí, desde un principio, la existencia de la Unión Soviética me daba la seguridad de que en verdad, todo aquello por lo que estábamos luchando era una realidad, una cosa concreta. Y decía yo: allí son los trabajadores los que mandan. O sea, se puede aplicar una doctrina; mientras que no hay ninguna otra doctrina que se haya aplicado en el mundo, donde tenga un Estado, donde se mande y se haga todo de acuerdo con ese pensamiento.

Grande ha sido, pues, mi pena cuando todo eso se vino abajo. Fue triste. Me he sentido muy triste yo.

Porque además, una empieza a ver en el propio Partido chileno una tendencia a querer ocupar puestos, a querer dirigir. Un cambio negativo en la mentalidad de los compañeros, que no era así cuando una ingresó, ni era así antes. Cuando la querían nombrar a una, costaba que se decidiera a aceptar, porque no se encontraba capacitada, por sentido de la responsabilidad.
Cuando salimos de la clandestinidad y podíamos juntarnos, yo vi una cosa diferente, de querer acaparar puestos y figurar. Me pareció raro. Y eso continúa. Yo decidí seguir adentro porque pensé que se podía cambiar alguna cosa, pero la verdad es que no hay cambios. Ahora me doy cuenta que no, no se cambia......

Agradecemos al compañero Premio Nacional de Literatura José Miguel Varas, la autorización para publicar este libro.

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